
Ruben Insua, a solas con Clarín: "Jamás mandaría a un jugador a hacer tiempo ni a fingir una lesión"
Ruben Insua —así, sin tilde— tiene una memoria increíble. Puede recordar detalles insignificantes ocurridos un día cualquiera y sobre una persona que vio ocasionalmente tal vez más de una década atrás. Incluso mucho más, si el vínculo o el acontecimiento fue significativo. Hace poco se subió a un taxi para ir a buscar su auto al taller y el chofer no dejaba de mirarlo por el espejo retrovisor. "¿Insua, no?", le preguntó sin soltar el volante y le lanzó un nuevo interrogante. "¿Te acordás de mí?", le dijo el tachero y el que empezó a mirar fijo fue el director técnico de San Lorenzo, que encontró en la mirada y el nacimiento de la nariz un rasgo inigualable, con la misma rapidez con la que una computadora escudriña patrones biométricos.
"¡Rivas! Le dije Rivas y se le pusieron los ojos vidriosos. Habían pasado 45 años desde la última vez que nos habíamos visto. Era mi compañero de pupitre en el Hipólito Vieytes, hincha de Argentinos. Con él fuimos a ver el debut de Diego en Argentinos, entramos a los 10 minutos del segundo tiempo, con el blazer puesto, y nos metimos en la popular", recuerda. Insua tiene 65 años; Maradona cumpliría en días 66. En aquella época, antes de su debut, Pelusa ya era conocido en el ambiente del fútbol. Por los jueguitos en el entretiempo, por los torneos Evita, e Insua ya lo había enfrentado en inferiores.
—¿Qué te acordás de aquel debut de Maradona?
—Me acuerdo de un caño que le hizo al Negro Cabrera. Ganó Talleres 1 a 0, tenía un equipazo Talleres. De hecho, no recuerdo la formación exacta, pero me imagino, eso fue en el 76, así que estarían varios de los jugadores que después fueron campeones del mundo: Galván, Oviedo, Ocaño, Valencia, el Negro Ludueña jugaba... Equipazo tenía. Me acuerdo mucho, pero me quedó muy marcado el caño de Diego, ¿viste? Ya habíamos jugado un partido cuatro años antes, en el año 72: yo jugaba en prenovena, tenía 11 años y Diego tenía 12. Jugamos un domingo acá a la mañana y yo me acuerdo de que jugué con unas Pampero 200. ¿Te acordás de que esas se agujereaban en la punta del dedo gordo? Era zapatilla plana, yo tenía un agujero con el dedo afuera y Diego ya usaba botines Puma. Nos ganaron 3 a 2. Diego hizo un gol y yo hice uno de zurda, fuera del área... Así me acuerdo de esas cosas.
—¿Cómo recordás a Maradona?
—Ah, bueno, fue un jugador maravilloso. El estereotipo del argentino, rebelde, pillo... Yo creo que el mejor Maradona fue el de Argentinos Juniors. El Maradona del 79 y del 80 fue una maravilla: jugó como en el Mundial 86, pero todo el año.
—Al parecer está por concretarse la continuidad de Lionel Scaloni en la Selección. ¿Está bien que siga?
—Sí, me parece fantástico porque es un gran entrenador, un tipo re humilde, inteligente, muy capaz. Creo que es un gran ejemplo para el resto de los entrenadores, sobre todo para los entrenadores jóvenes, de cómo se puede llegar al éxito haciendo docencia con cosas simples, mensajes simples.

—Que continúe, ¿no impide un recambio en la conducción? El resto de los DT no tienen chances de...
—(Interrumpe) No, no, no, no. Creo que se está premiando la calidad del trabajo... y el éxito, una mezcla de ambas cosas. Y aparte me parece fantástico que la Selección tenga otro período más de cuatro años con un mismo entrenador. Las tres veces que Argentina tuvo técnicos en la Selección durante ocho años, las tres veces fue campeón del mundo: Menotti, Bilardo y ahora...
—¿Tenés la ambición de ser entrenador del seleccionado?
—No. Estuve como jugador y la disfruté mucho. Yo disfruto a la Selección como hincha.
—¿Sos hincha de la Selección?
—Sí, siempre. Empecé a ir a ver a la Selección cuando la dirigía Menotti, en el año 75. La primera vez que fui a ver un partido fue Argentina versus Chile en la cancha de Vélez. Ganó Argentina 4 a 1, una maravilla, y a partir de ahí me hice hincha de la Selección.

Insua, entre los cinco DT más añejos de Primera
Insua tiene la edad que tiene, pero no la aparenta. Impecable físicamente, pelo largo y envidiable. Triplica en edad a Teo Rodríguez Pagano, el defensor de 22 años que fue titular la fecha pasada. Si a Insua el tiempo no lo corre, tampoco parece interesarle eso de que está entre los cinco entrenadores de mayor edad del fútbol argentino y casi que con su respuesta cambia de tema.
—Estaba mirando la nómina de entrenadores en la Liga Profesional y en esta tercera etapa de San Lorenzo te toca estar entre los de mayor edad, entre los cinco mayores, después de Julio Falcioni, que tiene 70 años. ¿Cómo ves el fútbol desde esa perspectiva?
—A mí el fútbol siempre me produjo alegría y pasión. Disfruto. Yo cuando jugaba disfrutaba como jugador profesional, ahora que dejé de serlo sigo jugando y disfrutando, aunque ahora pago para poder jugar: entre todos alquilamos la cancha.
—¿Sentís alguna barrera hoy a la hora de comunicarte con los jugadores que son más chicos, que son casi adolescentes?
—Para nada, no, no. Yo ando mucho por la calle. Siempre me gustó. Vivo en el mismo barrio hace 43 años, en la República de Villa Luro, y estar en la calle es la historia de siempre. El jugador hoy habita una sociedad diferente de la que me tocó vivir a mí, pero el mundo interno del fútbol tiene la misma lógica. El campo de juego, ¿viste?, los jugadores generalmente vienen del potrero... Bueno, ahora se juega menos en la calle, se juega más en los parques que quedan y en los sintéticos, pero el idioma del fútbol y las reglas del fútbol casi no han variado. El gusto por el juego, el placer de estar con gente, de hacer lo que te gusta y te apasiona y encima te pagan. Da placer hacer eso. La otra vez escuchaba a Guillermo Vilas que decía que a él le daba placer el tenis; lo escuché una vez a (Roberto) De Vicenzo, lo mismo con el golf. Me gusta mucho prestar atención a los jugadores de básquet y a los técnicos de básquet, que tienen un nivel intelectual muy bueno. Yo cuando dirigí Talleres vivía en un hotel y casi todos los equipos de básquet iban ahí. Una vez me enteré de que venía la Oveja (Sergio) Hernández, que dirigía Peñarol, y tomamos un café. Estuve como dos o tres horas hablando e intercambiando ideas. Yo le preguntaba para aprender, y lo mismo hice con Julio Lamas. Siempre me apasionó saber cómo hacían en la conducción con jugadores que miden dos metros y que mejor que no se enojen, por las dudas, los cambios, que entran y salen. Y los dos me contestaron exactamente lo mismo, una cosa increíble. Los dos tipos, de un nivel intelectual enorme, muy respetados y exitosos, me contestaron igual: "Nosotros en el básquet respetamos mucho al conductor, y aparte por su volumen físico les daría vergüenza tener un gesto de desaprobación al entrenador".

—Igual después a la Oveja Hernández tuvieron que agarrarlo entre tres porque quería pelear con el estadounidense Roquez Johnson...
—(Risas) Bueno, pero era un rival.
—Entonces la edad no te cambió la manera de ver el fútbol...
—Nosotros en Argentina, como en muchísimas otras cosas, somos un país muy especial y el fútbol acá tiene una influencia en el aspecto sociológico que creo que no hay en ningún otro lugar del mundo. Yo, gracias a la pelota de fútbol, conocí gran parte del mundo y en ningún lado vi las cosas que se ven acá.
—¿Por ejemplo?
—Al argentino lo primero que más le importa es el fútbol y después viene todo lo demás. No sé por qué será, creo que hay un componente genético, cultural. No creo que en otros países, te diría casi en ninguno, haya los clubes de barrio que hay acá en la Argentina, de donde salen muchísimos jugadores.
—¿Metés en ese análisis sociológico lo que pasó con la bandera de las Malvinas en el Mundial y la trascendencia que tuvo en la vida política del país?
—Bueno, por ejemplo, claro. Nosotros estamos acá hablando, viene un amigo nuestro, se pone a conversar de fútbol con nosotros, prendemos la televisión y está el ministro de Economía dando medidas que toma, y nosotros seguimos hablando de fútbol y no le prestamos atención al ministro de Economía. Cosa que está bien, por otra parte.

—Ya que lo mencionás, ¿qué pensás, no del ministro de Economía, sino del país en que estamos viviendo?
—Yo creo que Argentina es un país maravilloso. Tuve la posibilidad de vivir en otros lugares y siempre elegí estar acá, y veo que estamos teniendo problemas que no deberíamos tener. Argentina es un país que produce, por lo que he leído y me he informado, históricamente alimentos para, creo, alrededor de 400 millones de personas. En un país de 47 millones de habitantes, si producís alimentos para 400 millones, no debería haber ningún argentino que no se alimente bien. Tenemos cierta tendencia al desorden, por llamarlo de alguna manera, pero yo siempre creo y pienso, aun a esta altura de mi vida, que Argentina va a salir adelante siempre. Es el talento innato de los argentinos. Acá hay muchos buenos ejemplos para copiar. En el fútbol nombraste a Diego, y ahora está jugando el más grande jugador de todos los tiempos, todavía jugando, tiene 39 años, da placer verlo jugar. (Lionel Messi) es un ejemplo para los jugadores jóvenes, para las escuelitas de fútbol, para nosotros mismos que dirigimos o jugamos en Primera División. En otros deportes: Vilas, la Generación Dorada del básquet, lo del hockey... No sé, me estaré olvidando de alguno. Tenemos un piloto en Fórmula 1, acá nació Favaloro... A la gente en el exterior le da placer venir a visitar la Argentina, y entre nosotros nos cuesta mucho ponernos de acuerdo en cuestiones básicas. Es un país rico este y un país rico no debería tener pobreza.
—Estuviste como jugador o DT en muchísimos planteles. ¿Los jugadores hablan de política?
—No, hoy no. En la década del 80 sí. Cuando Argentina recuperó la democracia yo tenía 22 años y no tenía cultura política, no me interesaba mucho en ese momento tampoco, no se hablaba en general. Pero después sí, en esa época se hablaba bastante en los planteles, en las comidas. Ahora ha cambiado eso, ha cambiado la sociedad nuestra también: se habla poco de las cosas buenas.
—¿Te preocupa que no se hable de política en el fútbol?
—No es que me preocupe. Yo creo mucho en la libertad, cada uno elige de lo que le gusta hablar. Pero sí, obviamente, a mayor caudal informativo, mejor educación, mejor futuro.
—Esta tercera etapa de San Lorenzo tiene un poquitito de cosas de las anteriores: en la primera, en 2002, se hablaba del "riesgo país", como ahora, y en la segunda llegabas a un San Lorenzo en crisis. Entonces esta es como que te conjuga un poquito del pasado. ¿Cómo está hoy San Lorenzo?
—Digamos que San Lorenzo se parece bastante a la Argentina. Y como en el país, vale la pena estar acá. Llegué hace poquitos días, pero hemos avanzado bastante. Ahora ya tenemos un panorama bastante más claro del plantel, del conocimiento, del día a día, del trato, de explotar las mejores virtudes individuales de cada uno de ellos. Estamos en ese camino, terminando de conocer el plantel y buscando construir un futuro promisorio.

Insua y su gusto por un fútbol federal
Cuando Insua habla de básquet, no solamente habla de la relación entre los entrenadores y los jugadores de más de dos metros, ni de las particularidades de su reglamento, forma de juego y rapidez de las decisiones. "Le presté atención cuando León Najnudel hizo lo que está pasando ahora en el fútbol argentino: federalizó el básquet", dice y, sin preguntas, se mete en el terreno de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) y, por colectora, en su vínculo con Claudio Tapia, a partir de su etapa como entrenador de Barracas Central.
—¿Vos decís que lo que está pasando con el fútbol federal es similar a la reestructuración del básquet en los 80?
—Eso lo hizo el básquet allá por el 85. Najnudel lo hizo para federalizar el básquet y que salieran jugadores en todo el país, y ahora eso está pasando en el fútbol. Me parece bien, y me gustaba ver partidos de básquet.
—¿En qué ves que está más federalizado el fútbol en comparación con otros momentos?
—En que hay en Primera División muchos equipos del interior, y en la Primera Nacional muchos equipos del interior. Eso mejoró mucho la infraestructura en todo el país, porque al estar en Primera tenés la obligación de trabajar de Cuarta a Novena, y lo mismo en el Nacional: veo que hay mejores estadios en todo el país, que los jugadores del interior se pueden formar en su propia provincia. Me quedaron grabados dos hechos: en el 75, cuando Menotti dijo que había que federalizar el fútbol y jugó una Copa América con jugadores del interior. Y mirá que había jugadores bárbaros acá: (Daniel) Passarella, (Ubaldo) Fillol, (Mario) Kempes... Eso mejora la infraestructura de los clubes, la fábrica de jugadores, salen más y de mejor calidad, los cuales viajan. Lo otro que me quedó grabado fue cuando jugaba en Independiente, ¿te acordás de que salía campeón un equipo y a la semana salía El Gráfico del campeón? Fui a comprarlo y había una página con todo el plantel: los nombres, dónde habían nacido, cuántos partidos habían jugado, edad y todo eso. Año 89. Me despertó curiosidad ver dónde había nacido cada uno de nosotros y ¿sabés cuántos jugadores en el plantel de 30 habían nacido en Capital Federal? Decime un número: cinco, diez, ocho...
—¿La mitad?
—Uno. Yo.
—¿Y eso qué significa?
—Ahí me empezó a hacer ruido. Yo tuve la posibilidad de ir a San Lorenzo, me formé ahí, después Estudiantes e Independiente, pero muchos de mis compañeros venían de Córdoba, Entre Ríos, y tenían que venir acá para trascender. Entre lo que dijo Menotti en el 75 y lo del básquet, siempre pensé que sería bueno que esto pase en la Argentina.

—Esa federalización tiene 30 equipos en Primera y 36 en Segunda División...
—La cantidad de equipos para mí es secundaria: 25, 30 o 40, lo bueno es que se juegue en todo el país. Las potencias mundiales como España, Italia, Alemania, Francia, Brasil juegan en todo el país. Argentina fue campeón del mundo en el 78 y de las 24 provincias, incluidas las Islas Malvinas, solo dos jugaban el torneo largo de Primera: Capital/Gran Buenos Aires y Santa Fe; había 22 provincias sin equipo en Primera. Un problema de 80 años que vio Menotti y vio Najnudel.
—Esa idea federal que planteás: nombrás a Menotti en el 75, en la década siguiente en el básquet a Najnudel, pero en el paralelo actual no nombraste a Claudio Tapia y Pablo Toviggino. ¿Por qué?
—Bueno, no conozco cómo es lo del Federal. Estaba desarrollando una idea... Quien tuvo la iniciativa fue Menotti, después Najnudel, y creo que Bilardo en un Panamericano también jugó con casi todos jugadores del interior. Me gusta que se juegue en todo el país, que la gente pueda ir a la cancha. Se han construido estadios muy buenos en el interior. El fútbol acá es muy importante para la gente, y cuanto más se expanda la felicidad y la pasión, mejor.
—Te lo preguntaba porque pensé que no querías mencionar a Tapia, por tu vínculo durante dos años en "su" club... ¿Te quedó esa cosa de decir "mejor no hablo"?
—La verdad que no. El que tuvo la idea de eso del fútbol federal me parece fantástico, mejora al fútbol argentino. Pero por supuesto no soy ingenuo: cuando me preguntan a mí por el arbitraje, al que me pregunta no le importa lo más mínimo mi opinión del arbitraje, me doy cuenta.
—¿Quedaste como entrampado?
—A esta altura de mi vida disfruto el fútbol igual. Estuve dos años en Barracas y la pasé muy bien. Me trataron muy bien como persona y como profesional, algo que no es muy habitual.
—¿Te sentiste maltratado alguna vez en clubes?
—¡Sí! En algunos clubes sí. Cuando no te respetan como entrenador o no te cumplen como persona. Es como la vida misma, un eslabón más de la sociedad.

—¿Tenés trato con Chiqui Tapia?
—Lo conocí en 2024. Fui a ver a mi hijo que estaba jugando en la cancha de Huracán, fuimos a la popular con mi familia, hacía un frío bárbaro, e iban 20 minutos y me llamó un empleado de Barracas para ir a un palco. Entramos y al lado estaba el presidente de AFA con el presidente y el vice de Huracán. Lo saludé, y cuando terminó el primer tiempo me vino a saludar personalmente, y ese día lo conocí. A los pocos días me llamó el presidente de Barracas para ofrecerme la dirección técnica; yo personalmente al presidente de AFA no lo conocía. Ahora tengo trato cada tanto. Siendo técnico de Barracas lo vi pocas veces, pero me pareció un tipo futbolero y muy educado. Me fijo mucho en las relaciones: cuando los jugadores y técnicos de un club o selección hablan bien de un dirigente, no es poco.
—¿Cómo fue la experiencia de tener a tu hijo en el plantel? ¿Cómo la viviste?
—Mucho mejor de lo que creía, me facilitó la tarea: él tiene un carácter buenísimo. Cuando me llamó el presidente de Barracas le dije que no porque mi hijo había dicho en reuniones familiares que no le gustaría que lo dirigiera. A los dos o tres días me llamaron de nuevo y cuando les di mis motivos, fueron a hablar con Rodrigo a la concentración, lo convencieron y él dio el visto bueno. Si no hubiese dicho que sí, yo no hubiese ido. Lo que más me interesa es que mis hijos, mi esposa y mi nieto sean felices. Empecé a trabajar y me sentí bien: es un club austero, pero pagan el 15 de cada mes, dirigentes con conducta cero invasiva, respetan mucho al entrenador.
—Ese aspecto de Barracas no lo conoce la gente y tal vez hay como una sensación de decir...
—(Interrumpe) ¿Que si querés caer simpático no es el lugar ideal, digamos?
—¿Cómo viviste esa sensación generalizada de correr con "el caballo del comisario"?
—Lo tomaba con naturalidad. Es una forma de acrecentar, como dice un amigo, la industria del conflicto. Como te dije antes, al que me pregunta por el arbitraje no le importa lo que pienso del árbitro, le importa generar ruido y el malo quedo yo.

—¿No sentís que si este sábado a San Lorenzo lo perjudica un árbitro estás condicionado para hablar del arbitraje?
—No, porque en la época en que yo jugaba estaba mal visto opinar mal del árbitro o del rival. Hoy se naturalizó no decir la verdad y maltratar al otro en todos los eslabones de la sociedad.
—¿Por qué pensás que llegamos a eso como sociedad, entonces?
—Debe haber una multiplicidad de factores: sociales, económicos, educativos. La expansión de las redes sociales se utiliza mucho para agredir a terceros. Yo no uso redes sociales prácticamente y el celular solo lo necesario.
—¿Qué pensás que le das vos a esa sociedad cuando sacás un equipo a la cancha?
—No sé si a la sociedad, sino a los hinchas, en este caso de San Lorenzo. Una porción de la sociedad... Tal vez intentar que la gente venga a ver un partido y se vaya contenta a su casa; el fútbol hace feliz a la gente. Contribuir a mejorar la calidad del juego. Jamás mandaría a un jugador a hacer tiempo ni a fingir una lesión. Hay que hacer docencia con el jugador, tratarlo con afecto y respeto. Yo sigo pensando como jugador de fútbol.
—¿Te correrías del lugar en el que estás para ser dirigente de fútbol?
—No, no tengo la más mínima vocación de ser dirigente, no me preparé para eso. Me gusta estar en la cancha, disfrutar de eso y construir un equipo que intente jugar bien.
—Es la tercera vez en San Lorenzo. ¿Por qué terminás volviendo?
—Creo que eso no te lo puedo contestar. Los técnicos no elegimos el lugar donde estar, es una profesión de altísimo riesgo. Te llaman. ¿Te puedo hacer una pregunta yo a vos? Nosotros jugamos al fútbol alguna vez, ¿no?

—Sí, hace como 20 años... ¡Es verdad lo de la memoria increíble!
Insua recuerda la ocasión, la cancha y hasta la posición de aquel partido tan insignificante como intrascendente, que seguramente los otros 21 "jugadores" (menos el Gallego, el resto eran periodistas) ya no recuerdan. Termina la entrevista, el entrenador parte rumbo a un café a conversar con un amigo. Después armará el equipo con el que este sábado enfrentará a Newell's. Todo tiene un espacio en la memoria del entrenador del Ciclón.
Fuente: Clarín
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