
¿Y los cambios ilimitados?, por Lluís Canut
El martes pasado, en el PSG-Barça, fueron cuatro los futbolistas que cayeron lesionados: Olmo, Dembélé, Marquinhos y Kvaratskhelia. Esté último, con una rotura del ligamento cruzado, dijo adiós a la temporada. Cuatro días más tarde, en el clásico del Camp Nou, Espart y Valverde tuvieron que abandonar el terreno de juego por sendas lesiones, la primera en el tobillo y la segunda, muscular. No hay partido de alta exigencia que no se cobre sus bajas correspondientes con esta plaga de lesiones. Los futbolistas son víctimas del aumento desproporcionado de competiciones a las que se ven sometidos, tanto a nivel de clubs, como de selecciones, sin que se le encuentre remedio.
Ha sido el Cholo Simeone el que ha propuesto una solución intermedia sobre la mesa, aumentar a seis el número de cambios por partido. Algo que podría ser aconsejable, pero que se antoja insuficiente. De todos los deportes colectivos, el fútbol es el único que tiene limitadas las sustituciones. En el baloncesto, el balonmano, el waterpolo y el hockey, se pueden efectuar todos los cambios que se quieran, sin que haya un solo jugador que complete todos los minutos en el terreno de juego. De hecho, no fue hasta la década de los setenta, en el Mundial de México 70, cuando se empezaron a permitir dos reemplazos por encuentro. Con ello desaparecieron los épicos “goles del cojo”, que solían marcar futbolistas lesionados que se mantenían heroicamente sobre el césped sin poder ser relevados. Tuvieron que pasar 25 años para aumentar a tres las sustituciones y no fue hasta el 2021, con motivo de la pandemia de la covid, que se aumentaron hasta cinco los cambios permitidos. Una solución aplicada de modo provisional, que llegó para quedarse.
Urge una solución más que necesaria que ponga remedio a la plaga de lesionados por partido
El fútbol ha sido históricamente bastante reacio a introducir revisiones en sus reglas del juego. Por ello bien haría, en el caso de plantearse una solución más que necesaria, que ponga remedio a la plaga de lesionados por partido, que no haya limitación de cambios o que al menos se pudieran relevar a los once titulares. A grandes males, se exigen grandes soluciones. La FIFA, como máximo organismo rector, debe de ser consciente de la gravedad de la situación y los clubs, como principales damnificados, han de promover decisiones radicales a un conflicto que afecta a la salud de los jugadores. De lo contrario, se corre el riesgo de acabar con el gran negocio en el que se ha convertido el fútbol, en el que más beneficios obtiene quien menos expone. Y esta no es otra que la tiránica FIFA de Infantino y compañía.
Fuente: La Vanguardia
